
Luna Azul: el nuevo tren expreso nocturno de Japón
June 24, 2026Por: @monytodoterreno
Esta vez fue mi primer viaje a Portugal. El motivo: el concierto de Bad Bunny en Lisboa. Ya me habían contado que la ciudad no era tan amigable para usuarios de silla de ruedas, por ser una ciudad vieja y con muchas subidas y bajadas. Encontré un poco de información positiva que decía que sí se podía recorrer en silla, así que al final ya no sabía qué esperar.
Con un vuelo directo desde Viena llegamos mi amiga Pau y yo al aeropuerto Humberto Delgado.

Hotel: Nos tardamos en planear el viaje; no sé si por el concierto o porque Lisboa es de por sí muy visitada, pero no fue fácil encontrar un hotel accesible, o al menos uno con habitación disponible para todas las noches que nos íbamos a quedar. La primera noche nos hospedamos en un hotel cerca de la Fonte Luminosa.

Para llegar tomamos Uber, que de hecho fue nuestra principal forma de movernos. Leí que el transporte público es posible al menos en el centro, pero el verdadero problema son las pendientes y lo complicado que puede ser llegar a las paradas. Aún así sentí una calidez al poder comunicarme un poco en español ya que tengo la impresión de que los portugueses lo entienden aunque yo no entiendo mucho, también me llamó la atención el icónico color café rojizo en los tejados.
Las noches siguientes nos quedamos en el DoubleTree by Hilton. El precio es más elevado, pero es lindo y la habitación accesible es enorme, con los baños separados: uno adaptado para la persona usuaria de silla de ruedas y otro con tina y regadera para la persona acompañante.
Comida: La comida era maravillosa; yo estaba encantada con todo lo que probaba. La primera noche cenamos en Taberna Os Papagaios. De todos los lugares donde comimos, fue nuestro favorito. Fue posible llegar con la silla y los meseros hablaban español e inglés. El menú en este tipo de lugares locales está solo en portugués, así que tuvimos que usar internet y pedir recomendaciones a la mesera. Al final no sabíamos bien lo que pedíamos, pero nos encantó todo.


Lugares que recorrimos: Debido a las pendientes, el calor y que mi amiga iba con gripa, decidimos llevarla tranquila y no recorrer muchos lugares. Yo le dije a mi amiga (que es fotógrafa profesional y también era su primera vez ahí) que si algún día quería salir sola a tomar fotos, lo hiciera, que yo estaría muy bien con el aire acondicionado en el hotel.
Ahora más que antes priorizo descansar, porque es cansado y complejo usar una silla de ruedas, sobre todo con calor y tratando de no tomar mucha agua para no necesitar tanto el baño. En fin, nos la llevamos relax.
El día dos fuimos a Praia da Conceição. Había leído que tiene acceso a la playa, y como yo tengo movilidad con las manos, puedo moverme en la arena (me encanta esa libertad). En la mayoría de las playas el problema es llegar a la arena misma, así que ese acceso era fundamental. En 40 minutos llegamos del hotel a la playa y, en efecto, el acceso es accesible: había una rampa directa.

Rentamos una sombrilla por 10 € y mi amiga preciosa cargó la silla hasta el punto donde pasamos todo el día tomando el sol, metiéndonos al mar, bebiendo y disfrutando.

Al siguiente día, mi amigo André, que es originario de Lisboa, nos llevó a la Mata Nacional dos Medos, un bosque botánico protegido.


El lugar fue una sorpresa total, ya que pude transitarlo completo con la silla: cuenta con una red de pasarelas de madera elevadas y miradores que facilitan el paseo sin dañar el suelo protegido. Sus rutas circulares son ideales tanto para caminantes como para ciclistas. Este tipo de lugares son geniales para personas con discapacidad porque es como hacer senderismo, solo que sin las pasarelas sería casi imposible recorrerlo. Este recorrido con mis amigos fue lo más bonito del viaje para mí.

Me sentí querida y afortunada de tener personas tan maravillosas en mi vida. En el camino de regreso no podía creer que aún faltaba vivir el concierto; ya me sentía suficientemente feliz y todavía venía más. Pocas veces me he sentido así: una felicidad calmada, pero llena de gozo.

El concierto: Me despedí de mi amigo André con tristeza porque ya casi no nos vemos. Después me bañé porque hacía muchísimo calor, me dolía la cabeza y me tomé una pastilla mientras descansaba una hora antes de volver a salir al calor rumbo al concierto.
Mi amiga Pau y yo nos pusimos ropa linda y emprendimos el viaje al Estádio da Luz. Tomamos Uber de nuevo, pero tuvimos que bajarnos unas calles antes porque no avanzábamos. Ríos de gente caminaban hacia el estadio; empezaba a sentir emoción.

El estadio es genial. Solo que, desafortunadamente, el área destinada para personas con discapacidad no era muy buena para este tipo de eventos: el techo tapaba casi la mitad de la pantalla. Pero al menos teníamos espacio para bailar y el punto de venta de cerveza, agua y el baño estaban justo detrás de nosotras.
Cantamos hasta quedarnos sin voz, bailamos, lloramos… fue simplemente fenomenal. En lo personal, me encantó.
Al salir nos tomó más de una hora encontrar Uber de regreso. Afortunadamente, ya que casi todos se habían ido, nos tocó un señor muy amable que incluso nos ayudó a subir la silla de ruedas. Llegamos a dormir y al siguiente día regresamos a casa felices.

Lisboa fue uno de esos lugares inesperadamente bonitos. Si no fuera por las subidas y bajadas (y porque no hablo portugués), sería un lugar en el que me gustaría vivir.
Una vez más, mis amigos fueron el terreno plano en una ciudad llena de subidas.
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